Hubo un tiempo en el que el objetivo de las empresas era ganar y ganar dinero.
Hubo un tiempo en el que las personas que trabajaban en las empresas tan solo eran un número, un recurso a explotar para obtener el máximo rendimiento.
Hubo un tiempo en que a los proveedores se les pagaba lo más tarde posible y se les exigía descuentos abusivos con la amenaza de dejar de comprarles.
Hubo un tiempo en el que los clientes y consumidores eran engañados para incrementar los márgenes en las ventas. La publicidad manipulaba fácilmente y las etiquetas y especificaciones de los productos no correspondían con la realidad.
Hubo un tiempo en el que el medio ambiente era una fuente inagotable de recursos al servicio de las empresas. No importaba la deforestación de los bosques, la contaminación de las aguas o la erosión de la tierra. El mundo estaba al servicio de los beneficios.
Hubo un tiempo en el que la competencia era el enemigo a batir. Cualquier práctica era válida con tal de desacreditarle y hacernos valer por encima de ella.
Hubo un tiempo en el que la Sociedad estaba al servicio de las empresas. La sanidad, la educación, la cultura, el ocio y tiempo libre no aportaban valor. Solo contaba el incremento de las ventas por encima de todo lo demás.
¿Les suena el cuento?
Quizá este cuento aún sea una realidad.
En este cuento no existe un gran villano con mirada temible y sonrisa maquiavélica. No existe un villano causante de todos los males.
Existen muchos pequeños villanos que día a día contribuyen a construir y alimentar este cuento.Todos nosotros somos un pequeño villano contribuyendo a la existencia de este cuento cada vez que en nuestro trabajo no hemos sido sinceros, no nos hemos preocupado por los compañeros, clientes o proveedores. Cada vez que hemos buscado nuestro interés individual por encima y a consta del bienestar de los demás. Cada vez que no nos hemos preocupado por el medio ambiente, no hemos apagado la luz, no hemos reciclado el papel. Cada vez que nuestro ego nos ha hecho creer que somos mejores que los demás.
Quizá mucha gente piense que este cuento, esta realidad, permanecerá muchos años más con nosotros.Yo no lo creo. Siempre me han gustado los cuentos porque siempre me han gustado sus finales felices.Todos los cuentos tienen un final feliz. Incluso éste.
Para alcanzar el final feliz, no podemos esperar a que aparezca un super-héroe. No podemos esperar al príncipe azul en su caballo blanco.Los super-heroes no existen. Los príncipes azules hace mucho que no cabalgan.
Para llegar al final feliz de este cuento, necesitamos un ejército numeroso de humildes héroes. Necesitamos un ejército conformado por mujeres y hombres de todas las naciones. Un ejército en el que luchen juntos empresarios y empresarias, mandos intermedios, personal administrativo, operarios de la fábrica, el sindicalista, el académico, el funcionario, jóvenes, mayores, las personas más capacitados y las que poseen capacidades diferentes. Ciudadanía europea, latina, asiática, africana, todas las etnias y religiones.Un ejército al que se sumen, una a una, todas las personas que compartimos y habitamos este planeta. Que habiendo sido villanos en algún momento, tomemos la firme decisión de convertirnos en héroes.
¿Cuáles son nuestras armas? Los valores esenciales. Los que siempre existieron y siguen existiendo dentro de cada persona: El amor por los demás y el amor por la vida. La esperanza en un mundo mejor. La sonrisa, la mano tendida al compañero, la sinceridad con el cliente, el respeto a la competencia, el amor a la naturaleza, el compromiso con la sociedad.¿Nuestra Estrategia? Tiene un nombre. Responsabilidad Social.
Si te gustan los cuentos con final feliz, aplica nuestra Estrategia en tu empresa, en tu organización o institución, independientemente de tu cargo o responsabilidad.Únete a nuestro ejército.Necesitamos héroes como tú.
Por Diego Isabel La MonedaDirector de DYNAMYCA Consulting
Presidente Fundación EMOTIVA